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El testimonio suele tomar, como punto de partida, la situación vivida antes del encuentro con Jesús: enfermedad, angustia, ignorancia, pecado. Esto implica una rápida presentación del testigo: quién era y quién es. Se narra cómo intervino Jesús: oración, predicación, testimonio, sanación, bendición especial, etc. y cómo vive el testigo en la actualidad. Un testimonio personal despierta la atención por sí mismo, sin tener que apoyarse en trucos pedagógicos para lograrla.
Dios no necesita de nuestras mentiras, ni los hombres tampoco. Para testimoniar no se requiere fabricar una leyenda dorada, con episodios que sólo son fruto de imaginación o de interpretaciones apresuradas, aunque motivadas por la buena voluntad.
Si un hombre ha recibido una bendición de Dios, lo normal es que se alegre y quiera compartir su felicidad con los amigos. La persona bendecida se descubre amada por Dios, y no puede ocultar su gozo; lo transparenta en el semblante, en las palabras, en la sonrisa.

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Confía en Dios. Buenas cosas vienen para aquellos que creen, cosas mejores vienen para aquellos que son pacientes, pero las mejores cosas vienen para aquellos que no se rinden.